En mi última visita a la Biblioteca Nacional de Chile, elegante y macizo edificio que alberga valiosos tesoros bibliográficos, me encontré, en su reja principal, con un pequeño altar. Se notaba habían prendido velitas y cerquita había un pequeño retrato de una tal Rosita: QEPD Doña Rosita, Vendedores Ambulantes Presente, decía la ya semi borrada fotocopia.
“Chuta”, me dije. “Una violenta pelea callejera, un atropello u algo por el estilo”.
Preguntando a un par de los muchos vendedores ambulantes que siempre ofrecen sus productos en ese sector supe lo que en realidad había sucedido.
“Los inspectores municipales le quitaron sus productos. Dos veces ya se lo habían hecho la semana anterior” me cuenta uno de ellos, quien agrega. “Le dio un infarto y los de la municipalidad la dejaron ahí botada”.
A pesar de que sus colegas vendedores llamaron una ambulancia, Rosita no logró sobrevivir.
Sus colegas denunciaron el lamentable hecho y lo relataron así en una página de Facebook: JUSTICIA POR DOÑA ROSITA
“Hoy lunes 3 de Agosto, doña Rosita se levantó como todos los días a las 4 de la mañana para ir a vender desayunos fuera de la Biblioteca Nacional. Los municipales le habían quitado dos veces la semana pasada. A las 7 de la mañana, los inspectores del municipio llegaron nuevamente con toda la violencia que les caracteriza a quitarle sus desayunos en la salida Miraflores del Metro Santa Lucía. Doña Rosita, de más de 70 años, no aguantó, desplomándose en suelo frente al matonaje municipal. Fue asistida por sus compañeros de oficio, ambulantes como ella, quienes llamaron a la ambulancia.”
La publicación mencionaba también a dos responsables
“Apuntamos como responsables directos de su fallecimiento a los inspectores municipales de Santiago, dirigidos por Mario Desbordes, quienes durante las últimas semanas, en la Alameda, han dejado a varios adultos mayores en el suelo, golpeados y ultrajados, cuando su único «crimen» ha sido salir a buscar el pan de cada día.”
Pero mencionaba también a otros/as responsables:
“También apuntamos como responsables del fallecimiento de Doña Rosita a los medios de comunicación, a la prensa, especialmente a los matinales de televisión que día tras día criminalizan el comercio ambulante de forma cobarde y despiadada”.
Contactamos a la Municipalidad pero no fue posible obtener su versión de los hechos.
No se trata claro de desconocer la ilegalidad e incluso a veces inconveniencias del comercio callejero, pero ¿quién tiró la primera piedra en un país en que, según los últimos datos oficiales, un 27% de la fuerza laboral es informal (léase ilegal)?
¿Y quién le ha dado autoridad a aquellos que dicen proteger nuestra seguridad a abusar de quiénes no tienen otra forma de sobrevivir?
¿Hasta cuando la impunidad?
¿Hasta cuando un ser humano arriba de otro?
¿Hasta cuándo la pobreza extrema y la falta de trabajo digno?
Muchos/as echarán de menos a Rosita. Así lo relatan sus colegas:
“Doña Rosita no estará más a la salida del metro Santa Lucía con su sonrisa única, amabilidad y ternura con la que atendía a sus clientes y con la simpatía y solidaridad con la que siempre actuó con sus compañeros. Sin embargo, será recordada por siempre por todo el comercio ambulante de Santiago”.
Y por sus clientes, como ésta, que comentaba en la red social:
“Sagrado mi pancito con huevo de la señora Rosa todas las mañanas .. siempre muy amable, a veces hasta me guardaba uno porque sabía que eran mis favoritos. Me dio mucha tristeza esta noticia, se le va a extrañar.”
¿Entró algún día Rosita a la Biblioteca Nacional (a algo distinto a ir a su baño gratuito)?
¿Contará alguna vez algún libro la historia de Rosita?
Han pasado ya casi tres semanas desde la agonía de Rosita. Aún se mantienen los restos del altarcito. Yo he puesto también uno pequeñito en mi corazón.
Rosita – Foto de Cristián Opaso
Cristián Opaso
