Este pasado domingo 9 de agosto, a las 12:00 horas, en el Parque Forestal, frente al Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago, para conmemorar los bombardeos
atómicos de Hiroshima y Nagasaki.
Los días 6 y 9 de agosto de 1945, en uno de los crímenes de guerra más atroces de la historia, Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
Dos ciudades. Dos destellos. Más de doscientas mil vidas silenciadas en segundos. Miles de personas murieron instantáneamente; muchas más lo hicieron durante los
meses y años siguientes, víctimas de la radiación, el sufrimiento y el abandono. Con aquellas explosiones comenzó la era de la amenaza nuclear, una amenaza que, 81 años después, sigue pendiendo sobre toda la humanidad.
Hoy nos reunimos para recordar. Pero recordar no es quedarse en el pasado. Recordar es volver a pasar por el corazón. Es reconocer el dolor de quienes ya no están, abrazar la memoria de las víctimas y transformar ese dolor en conciencia y compromiso.
La ciencia nos advierte que una guerra nuclear, incluso limitada, provocaría un invierno nuclear, el colapso de la agricultura, hambre a escala planetaria y un peligro real para la continuidad de la vida humana. No existe respuesta humanitaria posible frente a semejante desastre. La única garantía es que estas armas desaparezcan para siempre.
Durante décadas, millones de personas en todo el mundo han levantado su voz para impedir que esta tragedia vuelva a repetirse. Gracias a esa movilización, las Naciones Unidas aprobaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, hasta ahora cien países la respaldaron, un paso histórico que demuestra que la voluntad de los pueblos puede abrir caminos hacia un mundo más seguro y más humano.
Pero el desafío continúa. Mientras existan armas nucleares, y quienes las poseen se nieguen al desarme nuclear, ninguna nación estará verdaderamente segura y ningún
pueblo podrá sentirse plenamente libre del riesgo de la destrucción.
Por eso, esta conmemoración nos invita a manifestarnos, a despertar nuestra conciencia, a recordar para volver a pasar por el corazón y a comprometernos con la
construcción de una cultura de paz, diálogo, justicia y noviolencia.
Convocamos a la ciudadanía, a las organizaciones sociales, culturales, sindicales, estudiantiles y territoriales, a la comunidad científica y a quienes ejercen responsabilidades políticas, a levantar una sola voz por la vida, por el desarme y por el futuro de las nuevas generaciones.
Que Hiroshima y Nagasaki no sean solo nombres de una tragedia, sino también el origen de una decisión colectiva: dejar atrás la lógica de la violencia y abrir paso a un
futuro profundamente humano.
Con fuerza interior y con resolución, digamos juntos:
¡Nunca más Hiroshima!
¡Nunca más Nagasaki!
¡Nunca más bombas nucleares!
Porque la paz comienza en cada conciencia, crece en cada comunidad y se hace posible cuando la humanidad decide tratar a las demás personas como quiere ser tratada.
Con un enfoque violento de la violencia, no resultará la Paz ¡Desarme nuclear, ahora!
Equipo de autoconvocados por La Paz
Otros colectivos que participaron:
Movimiento Humanista (La Comunidad; partido Humanista; Mundo sin Guerra)
Mensaje de Silo
La paz como destino (colectivo de artistas de performance)
Bandera de La Paz (colectivo de protección de infraestructura social y cultural en
situación de guerra.)
Coordinadora 3GM Nuclear (colectivo contra las guerras)
Redacción Chile
